Erase una vez, no hace mucho tiempo, nosotros tambien fuimos niños

El problema comienza con el olvido y el mal uso de las palabras.

La mayoría de las personas , al crecer, olvidan que una vez fueron niños. Con el olvido, la fragilidad, la falta de poder que una vez sintieron también es olvidada. Y así, cuando un niño sufre los ataque sutiles que de adultos sacudiríamos de nuestros hombros o enfrentaríamos de cabeza, uno no aprecia el efecto que los mismos hubieran causado al niño que una vez fuimos.

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Hace unas semanas mi sobrina utilizo las palabras cuya llegada he temido hace tiempo. Las que indican el momento en que nosotros, los adultos que le rodeamos, tenemos que dar un paso adelante y protegerle, para crear espacio suficiente en el que pueda desarrollar su personalidad como cada niño requiere.

En el colegio varios niños le recordaron que es diferente proveyendo voces de perjuicio a los adultos que les rodean. Ella no sabe que es el racismo, porque en nuestra casa lo normal es ser diferente, pero sospecha que existe una conexión entre el hecho de que su tez no es clara y el uso de las palabras que le hieren.

El error es que al crecer la sociedad nos dice que “solo los expresiones” y que debemos endurecernos, aceptar la ignorancia, el desprecio, hacer que no nos importe… Como si el problema fuese de esa niña de cinco años que no puede, porque sus sentimientos son reales, sin malicia.

En realidad, lo que debiéramos decir es que ha llegado la hora de entender que el uso de ciertas palabras no es aceptable, porque una niña de cinco años no debiera si quiera tener que considerar los efectos que la lotería genética ha provisto a su vida.

Nosotros, los adultos, tenemos la obligación de proveer un espacio de igualdad, libre de perjuicios de todo tipo, en el que ellos puedan contribuir de manera activa a nuestro mundo, y nosotros les escuchemos. Es nuestro deber recordar quienes podemos llegar a ser , no solo quienes somos, y mantener nuestros estándares bien alto para que el viento los proteja del cinismo, el conformismo y la ignorancia. Se lo debemos a todos los niños y tenemos que empezar ahora!

Photography by Cristina Lanz-Azcarate

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